15 Jun 2025 Reducir los pesticidas en el cultivo de cerezas mediante plantas biofactorías

Berta Joven Romero, UCC+i USAL.
Proyecto: Construcción de un prototipo para la captura, detección y análisis de volátiles de hoja verde | Convocatoria de Pruebas de Concepto y Protección de Resultados del Plan TCUE 2024-2027
Ricardo Manuel Benites da Costa y María Angélica González Arrieta
El proyecto «Nariz Verde» plantea una revolución en la agricultura del siglo XXI al proponer que las propias plantas actúen como defensoras naturales de los cultivos. Esta innovadora iniciativa busca reducir drásticamente el uso de pesticidas en la producción de cerezas mediante un sistema que aprovecha los compuestos volátiles que emiten las plantas para controlar las moscas que dañan la fruta. Con un prototipo ya funcional y en fase de validación en Barcelona, el proyecto promete no solo transformar el modelo de negocio agrícola hacia la sostenibilidad, sino también ofrecer una solución al problema económico que supone para los productores las devoluciones masivas de mercancía contaminada por plagas.
¿En qué consiste exactamente el proyecto Nariz Verde?
El proyecto se basa en lo que se llaman soluciones basadas en la naturaleza. La idea surge de un problema concreto: para producir cerezas, especialmente ahora que estamos en temporada en el Valle del Jerte, es necesario usar insecticidas de amplio espectro para controlar moscas que estropean mucho la fruta.
Nosotros pensamos que estas moscas se pueden controlar de otra manera, usando las plantas como biofactorías. Las plantas producen ciertos químicos volátiles, y ese es el origen del proyecto.
¿Cómo funciona el prototipo que habéis desarrollado?
Para el proyecto necesitábamos recoger los olores del campo de manera automática y cuantificada para traerlos al espectrómetro de masas. Entonces desarrollamos un prototipo que cuantifica cuánto aire es recogido para traerlo en modo de conservación hasta el laboratorio, donde se puede hacer la analítica que no es posible realizar en campo.
El prototipo es una colaboración entre el grupo VISIT, el Laboratorio de Innovación y el CIALE. Las personas involucradas fueron Noelia Artiaga y Albano del grupo, más Isaac, que han hecho un trabajo fenomenal montando todo el sistema.
¿En qué fase se encuentra actualmente el proyecto?
Actualmente la máquina, el «cacharro» como le llamamos, está en Barcelona realizando un experimento de semicampo. Ya hemos concluido el desarrollo del prototipo y está funcionando.
El siguiente paso es que la cuantificación de lo que recogemos nos dé una idea de si puede ser usado realmente para pasar después a la agricultura. Queremos ver cómo podemos tener el número suficiente de plantas o qué plantas necesitamos en campo para que sea efectivo.
Lo que buscamos con este prototipo es una validación de concepto, saber si puede funcionar o no. En Barcelona tenemos un ensayo de semicampo donde probamos plantas, frutas, moscas y nuestro dispositivo Nariz Verde.
Si esto llegase a comercializarse, ¿qué impacto tendría en las plantaciones?
No lo tenemos medido porque es difícil ahora comercializar algo así. Supone un cambio de modelo de negocio completo. Nadie compraría el aparato solo porque sea bueno midiendo; el prototipo sería incluido en un proceso de modelo de negocio donde se monitoriza globalmente una determinada área de cultivo.
Sería agricultura 4.0: saber exactamente qué necesitas, qué plantas puedes tener y qué hacer con esas plantas para controlar el desarrollo de otros organismos. En este caso, un grupo de insectos que tienen un gran impacto durante la producción de cerezas.
¿Cuál es el impacto económico actual del problema que buscáis resolver?
Económicamente tiene un impacto enorme. Cuando hablas con productores de cereza grandes, el problema es que en el control de calidad, si aparece una mosca en el supermercado, te devuelven toda la mercancía. Es todo o nada.
No puedes vender cajas con algunas moscas. El producto llega después de transporte, con toda la inversión del productor y distribuidor, y si en las estanterías aparece el problema, todo vuelve atrás. La mosca tiene un ciclo de vida muy particular y no se ve porque está dentro de la fruta. Los especialistas saben detectarlo, pero no puedes revisar un millón de cerezas una por una.
Por eso se usa una cantidad enorme de insecticidas en campo: para reducir los riesgos al mínimo.
¿Qué otros beneficios tendría esta solución?
Hay otra ventaja importante de seguridad alimentaria. Los períodos de carencia de pesticidas disminuirían con una solución así, lo que permitiría ampliar los plazos de aplicación desde el punto de vista de seguridad alimentaria.
Económicamente no está medido porque el modelo de negocio que se implantaría sería totalmente distinto al actual: sería un modelo de servicio.
¿Qué les dirías a los corredores para que apoyen vuestro proyecto?
Si queréis cerezas con menos pesticidas, más saludables y más acordes con los principios de economía circular y sostenibilidad, apostad por este proyecto. Hay que ser un poquito más ambiciosos y dar algunos pasos más hacia adelante.


