29 Oct 2024 «Buena parte de los ciudadanos no están preocupados en buscar información de calidad»

Pedro Rivas es profesor en la Universidad Loyola (Sevilla) y ha editado La guerra desinformativa de Putin: desmintiendo las falacias sobre la invasión de Ucrania. Participará en las Jornadas Combatiendo la Desinformación en la mesa redonda: “Guerra híbrida. La desinformación en contextos bélicos y en procesos democráticos” el 30 de octubre en la Facultad de Derecho.
Berta Joven Romero, UCC+i USAL.
La información falsa es un factor fundamental en las guerras que condiciona a la opinión pública; un arma más que gobernantes y otros grupos utilizan en su beneficio para manipular a la población. Pedro Rivas, colaborador, asesor y consultor externo de Fuerzas Armadas, gobernantes en ejercicio, candidatos electorales y de departamentos especializados en seguridad en Iberoamérica, reflexiona sobre la desinformación en los principales conflictos armados en la actualidad. El experto es también profesor en la Universidad Loyola (Sevilla), y uno de los editores de La guerra desinformativa de Putin: desmintiendo las falacias sobre la invasión de Ucrania. Formará parte de la mesa redonda «Guerra híbrida. La desinformación en contextos bélicos y en procesos democráticos» el 30 de octubre en el Salón de Grados de la Facultad de Derecho a partir de las 18:30 horas dentro de la programación de las jornadas «Combatiendo la Desinformación. El Ejército como Pilar en la Defensa de la Democracia».
¿Cómo está influyendo la desinformación en los principales conflictos armados activos?
La desinformación se ha vuelto otra de las armas. En algunos conflictos, incluso, sería la más eminente. Tan eminente, que forma parte del procedimiento que se ha llamado DIME (diplomático, de información, militar y económico). Es cierto que no es el fundamento principal, pero cuando se está desinformando, incluso antes de que se lleven a cabo operaciones militares, es porque en breve se van a desarrollar operaciones de guerra clásica. Los estados se han dado cuenta hace unos años de que la información, de suyo, tiene unas capacidades operativas que a veces van más allá que ciertos hombres en el campo de batalla. Su influencia es decisiva. Y los estados que suelen estar más adelantados en esto que la misma prensa, que debería conocer bien la fuerza de la información.
En el capítulo El papel de la desinformación en la Rusia de Putin mencionáis algunos episodios históricos en los que una mentira pasada por “noticia” hizo cambiar el curso de la humanidad. Esto ha sido una constante a lo largo de la historia pero, ¿en qué se diferencian de las mentiras de ahora? ¿Son más determinantes que en el pasado? ¿Por qué?
En el pasado la gente accedía a los noticieros de la televisión y la radio. Ahora, directamente a internet. Y en internet, como parece que cualquier cosa que se publica tiene peso, la posibilidad de desinformar es mayor. El acceso de la gente a la información se ha democratizado, pero la información de calidad no se consume frecuentemente. La gente es reacia incluso a pagar por leer un periódico de calidad en un medio en internet. El efecto de las mentiras es mayor porque la capacidad de contrastar la información de calidad ha sido menor. Yo me atrevería a afirmar también que porque buena parte de los ciudadanos tampoco están preocupados en buscar información de calidad y contrastarla, de forma que la desinformación resulta más eficaz.
¿Es responsabilidad de los medios de comunicación, que han perdido credibilidad?
Creo que sí pero se les achaca más responsabilidad de la que tienen. Yo sigo creyendo que hay medios de comunicación serios y periodismo serio. Lo que ha disminuido es la confianza que los ciudadanos tienen en la prensa. En general, en las democracias liberales hay menos confianza en el grueso de las instituciones. Y la prensa es un cuarto poder que forma también parte de ese espacio público. Al margen de que hay pseudomedios, periodistas menos comprometidos y medios que se han dedicado a reducir la calidad de la información, sigue habiendo periodismo de calidad y periodistas comprometidos. Así que su responsabilidad es parcial, hay una que es del ciudadano, que no se toma en serio la responsabilidad que tiene en una democracia, que es una función cívica.
¿Han calado las falacias de Putin en ciertos sectores de la izquierda? ¿Cómo ha afectado la guerra de Rusia en Ucrania a la política en Europa?
Muchísimo. Hay tres o cuatro que han sido fundamentales. Una es la que achaca la responsabilidad casi directa a la expansión de la OTAN. “Si la OTAN no se expande hacia el este, Rusia no habría tenido necesidad de intervenir en Ucrania”. Esa insensatez ha calado con cierto peso en la izquierda española. También el hecho de que “respaldar a Ucrania es fortalecer la guerra”. Me preocupa en partidos que antes eran discretamente prorrusos y en el momento de la intervención de Rusia en Ucrania fueron contrarios al respaldo del tipo que fuera. Esa dejación de funciones es un efecto clarísimo de las falacias de Putin y de esa voluntad, diría que proautoritaria, que parte de la izquierda española tiene (sigue habiendo una izquierda socialdemócrata y sensata). Otra falacia es pensar que “como en Rusia se vota, es una democracia, por tanto su calidad sería semejante a la de las democracias liberales”. Esas falacias han sido determinantes para cierta izquierda española. Además, son muy lesivas para la comprensión de esa guerra.
¿De qué manera está utilizando Israel la desinformación como una estrategia para influir en la opinión pública?
Israel desinforma, pero menos de lo que decimos porque no está especialmente preocupada por ese factor. Algunos de los hechos que sí se han podido verificar es que, en el caso de víctimas civiles causadas por bombardeos israelíes, Israel se limitaba a decir que algunos de los muertos eran actores ligados a Hamás. Es cierto que Hamás ha falsificado la realidad con actores como si fueran víctimas civiles. Pero también lo ha sobredimensionado Israel. Era uno de sus procedimientos desinformativos. El mero hecho de que tú me estés preguntando por la desinformación de Israel y no por la de Hamás ya habla precisamente de que las capacidades desinformativas de Hamás son mayores que las de Israel. Israel se preocupa menos porque es muy consciente de que para él, la información es un mecanismo que complementa la guerra, pero la guerra para él es existencial. O hace lo que está haciendo (dice) o el Estado de Israel y su población va a desaparecer. Para él la información o la desinformación es un factor residual en las operaciones básicas. Sí que creo, precisamente, que el hecho de que atribuyamos a Israel más desinformación de la que en ocasiones lleva a cabo es una debilidad precisamente de esa capacidad informativa de Israel y un fortalecimiento de la capacidad desinformativa de Hamás y otros grupos afines. Israel no está muy preocupado porque como sabe que le cae mal a todo el mundo haga lo que haga y que esa batalla la tiene perdida, se dedica a hacer la guerra con carácter convencional.
¿Deberían actuar las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en la lucha contra la desinformación y la guerra híbrida?
No. Las Naciones Unidas nacieron en el 45 con un directorio napoleónico de potencias para evitar que un conflicto internacional que nos llevase a una Tercera Guerra Mundial y precisamente porque estaba facultada para eso, no tiene capacidades reales para ponerse a combatir la desinformación o la guerra híbrida. Podrá emanar del Consejo de Seguridad, que no lo va a hacer nunca, o, en ocasiones, de la Asamblea General, algún tipo de regulación o de propuesta, pero no va a tener ninguna validez. Va a acabar siendo un brindis al sol porque las Naciones Unidas nacieron para otra cosa y solemos pedirle que actúe competencialmente donde no está facultada para actuar. Yo creo que contra la desinformación o la guerra híbrida puede actuar la Unión Europea en espacios que sí tienen más capacidades y especialmente los estados con carácter individual. Uno puede operar con aliados, por ejemplo, dentro de la OTAN, o con el mismo socio político dentro de la Unión Europea. Las Naciones Unidas dicen cosas que no incomodan a nadie, pero no son realmente eficaces. Su normativa va a ser sistemáticamente incumplida porque la guerra híbrida, entre otras cosas, dinamita los cumplimientos de las leyes clásicas de guerra.
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