30 Oct 2024 «El periodismo de verificación tiene el poder de hacer comprensible información compleja»

Iris Ladari es redactora del medio de comunicación especializado en fact-checking INFOVERITAS. Participará en las Jornadas Combatiendo la Desinformación en la mesa redonda: “Guerra híbrida. La desinformación en contextos bélicos y en procesos democráticos” el 30 de octubre en la Facultad de Derecho.
Berta Joven Romero, UCC+i USAL.
Convertidos en verdaderos detectives que rastrean la procedencia de imágenes, vídeos y titulares sospechosos: los verificadores son redactores de medios especializados que trabajan cada día para desarticular la información falsa que circula en redes. Iris Ladari pertenece al equipo de INFOVERITAS y formará parte de la mesa redonda «Guerra híbrida. La desinformación en contextos bélicos y en procesos democráticos» el 30 de octubre en el Salón de Grados de la Facultad de Derecho a partir de las 18:30 horas dentro de la programación de las jornadas «Combatiendo la Desinformación. El Ejército como Pilar en la Defensa de la Democracia».
¿Cómo es el día a día en la redacción de un medio especializado en verificación como INFOVERITAS?
Suelen ser días intensos. No hay un momento en el que no haya bulos que desmentir. Cuando entré a INFOVERITAS lo primero que pensé es que resultaría difícil encontrar publicaciones desinformativas en redes sociales todos los días. El algoritmo de las redes sociales te muestra contenido afín a tus gustos o preferencias. A mí, como periodista, apenas me llegaban cadenas de WhatsApp o bulos, mi círculo más cercano no difunde este tipo de contenidos.
Sin embargo, con el paso de los días supe desarrollar estrategias de búsqueda activa en redes, lo que me permite detectar varios bulos diarios. Desde el primer día, no tuve problemas para encontrarlos. Este detalle pone de manifiesto que la cantidad de desinformación que circula en la red es más grande de lo que imaginamos.
¿Qué proceso sigues para verificar una noticia? ¿Qué herramientas utilizas?
Con el tiempo te das cuenta de que hay una serie de patrones que se suelen repetir en las desinformaciones y son fáciles de detectar a simple vista. Por ejemplo, las llamadas de alerta: “Última hora”, “Urgente” y un sinfín de exclamaciones. Normalmente los posts que provienen de cuentas desinformadoras usan este tipo de conectores. Tras la sospecha, realizo una investigación rápida en los canales oficiales del organismo al que hacen alusión en el post desinformador. Si no hay ningún comunicado o referencia a lo que se asegura en el post viral, probablemente se trate de un bulo. Ahí ya me pongo a investigarlo.
Respecto a las herramientas, el primer paso es la observación. Ausencia de tildes, comas, faltas de acentuación, si hay una imagen o vídeo observo el lugar, si se corresponde con lo que dice el post, si parece antiguo o si es actual… Tras la observación, viene la búsqueda inversa. Hay muchas más herramientas, pero estas dos son fundamentales en todo proceso de fact-checking: observación detallada y búsqueda inversa.
¿En qué tipo de fuentes podemos confiar? ¿Cómo podemos saber que son imparciales?
Lo ideal es acudir a la fuente a la que se hace alusión directa en el bulo. En caso de imposibilidad, se debe acudir a fuentes oficiales, instituciones, colegios, federaciones y asociaciones. Normalmente, estos organismos tienden a ser imparciales. En caso contrario, se debe acudir a expertos independientes en la materia, por ejemplo, profesores de universidad. Siempre más de una opinión. Y si pueden dar opiniones diferentes respecto a un tema, mucho mejor. Estos argumentos ayudaran al lector a construir su propio pensamiento crítico y no ofrecer información sesgada. Evitar el ‘cherry picking’ es fundamental.
¿Qué te llevó a trabajar en un medio de verificación? ¿Cómo llegaste a interesarte en el periodismo de fact-checking?
La verificación de hechos es un mundo que me apasiona desde que prácticamente no se hablaba de ello. Desde bien joven me apuntaba a todo tipo de talleres (impartidos tanto por periodistas como por personal del mundo de la defensa) donde ofrecían herramientas de fuentes abiertas (OSINT). Poco a poco me convertí en una “detective de la información”, casi por hobbie. Me parece apasionante poder dedicar el tiempo a investigar aquellos temas que preocupan a la sociedad.
¿Cuál ha sido el caso de desinformación más complejo que has tenido que desmentir?
Quizá fue un vídeo de una manifestación de mujeres con el torso desnudo en Suiza. Tuve que verificarlo a los pocos meses de empezar a trabajar como verificadora de información. El vídeo en concreto se había difundido durante años en redes sociales, asegurando que había sucedido en países como Finlandia, México o Francia.
Los resultados de mi investigación mostraban que la mayoría de verificadoras internacionales que habían desmentido el vídeo aseguraban que la manifestación tuvo lugar en Francia. Yo percibí algunos detalles en las imágenes del vídeo que me hicieron pensar que no había sucedido en Francia. Finalmente, conseguí verificar a través de un análisis muy detallado, que la marcha había sucedido en Ginebra (Suiza) y que tuvo lugar el 14 de junio de 2019. Como verificadora, siempre has de tener tu propio criterio y no dejarte llevar por otros desmentidos de la competencia.
¿Cómo valoras tu experiencia en este campo hasta ahora? ¿En qué se diferencia el trabajo en un medio de verificación de otros tipos de periodismo?
Mi experiencia trabajando como fact-checker es muy enriquecedora. Soy afortunada en trabajar en algo en lo que me apasiona. Supongo que cuando trabajas en algo en lo que te gusta, no trabajas nunca, aunque suene a tópico. Diferencias como tal no he percibido demasiadas, quizá porque mi faceta como investigadora la tengo innata, desde bien pequeña. Cuando trabajaba en medios generalistas siempre he enfatizado en los datos y en los estudios demostrados científicamente. No obstante, si tuviera que decantarme por una diferencia creo que diría el tiempo. En un medio tradicional la inmediatez y la exclusiva son patrones que se valoran mucho. En una verificadora de información, en cambio, hasta no tener claros los argumentos para apoyar o desmentir una idea no se publica. El rigor en este sentido es mucho más estricto, porque nos regimos por unas normas europeas de verificación que demos cumplir. El cumplimento de estas reglas es lo que hace que una verificadora obtenga los sellos IFCN o EFCSN, muy importantes para un verificador porque certifican que su trabajo sigue estándares rigurosos de transparencia, imparcialidad y precisión, lo que refuerza la credibilidad y la confianza del público en sus verificaciones.
¿Hasta qué punto crees que la inteligencia artificial y el big data pueden ayudar a mejorar el proceso de verificación de noticias?
Desde luego creo que son retos que no hay que perder de vista, pero no solo en el periodismo. Respecto a la verificación de noticias, la inteligencia artificial ha propiciado una mayor cantidad de contenidos falsos como deepfakes o imágenes falsas. Sin embargo, también ha facilitado su uso para detectar información fraudulenta. Gracias a herramientas hechas con IA podemos transcribir los contenidos de los vídeos más fácilmente, traducirlos y verificar si un audio, imagen o vídeo ha podido generarse con IA. De momento no es una ciencia cierta, pero es una gran ayuda para orientar a los verificadores a la hora de desmentir un contenido.
¿Cómo puede el periodismo de verificación ayudar a recuperar la confianza del público en los medios?
Creo que si hay algo que puede recuperar la confianza del público, es sin lugar a dudas, la verificación. La verificación de hechos (fact-checking) es un proceso profundamente analítico que va más allá de aceptar la información superficial, promoviendo una reflexión crítica y meticulosa. Un buen verificador no se conforma con la primera versión de los hechos, sino que investiga a fondo, cuestiona, y aborda temas desde múltiples perspectivas para ofrecer un análisis preciso y fundamentado.
Ser un buen verificador implica disfrutar de la investigación y estar comprometido con la promoción del pensamiento crítico. Hacer preguntas incómodas, a veces lógicas, debe ser parte del día a día, siempre con una postura de neutralidad e imparcialidad. La transparencia es clave, y cuando se comete un error, es fundamental saber rectificar. La capacidad de corregir no solo muestra integridad, sino que fortalece la confianza del público.
Además, el lenguaje que se utiliza es crucial: debe ser claro y accesible, evitando tecnicismos que puedan alejar a la audiencia. El periodismo de verificación tiene el poder de hacer comprensible información compleja, acercando los hechos a las personas de una manera directa y transparente.
Para los futuros periodistas, mi consejo es que se tomen el tiempo necesario para descubrir qué área del periodismo les apasiona. Si es la verificación, tienen en sus manos la oportunidad de ser vectores en la recuperación de la confianza del público en los medios. En tiempos de desinformación, ser un verificador no es solo una responsabilidad, sino una poderosa herramienta para construir un futuro donde la verdad recupere su protagonismo.
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